Las coloridas guirnaldas ornamentan el predio,
huele a laureles de excelencia.
Las burbujas del dorado brebaje se aprestan para deleitar con su exclusivo néctar
la superación,
la elevación,
la resurrección de la pasión por el rendimiento máximo.
Las doctas calles testimonian una vez más la celebración de lo impactante: no se trata de un juego ni de un deporte.
Corremos por proeza,
como un acto de rebeldÃa,
como acta de posesión,
como la huella que certifica que estamos vivos.
ConstituÃmos una mañana embriagante de espÃritus de lo más sobresaliente del orgullo hispano transformado en oxÃgeno vivificante que comienza ya a circular por nuestras venas.
Aguardamos el disparo que nos abrirá las tranqueras de nuestra elevación. Sudor intenso, pieles húmedas de esfuerzo, palpita al unÃsono la potente fuerza de la raza en auténtica fusión. Surge la magnánima y sublime exaltación.
Nos posee lo excelso. Nos embriaga Salamanca.