Después del trasplante de corazón y de unos meses duros, jamás imaginó encontrarse algún dÃa allÃ, en la salida de la San Silvestre. Era de naturaleza perezosa, alérgico al deporte y amante de la mala vida. Pero algo súbitamente cambió y empezó a tener ilusiones, motivaciones y algún sueño por cumplir.
Tras el pistoletazo arrancó con un trote suave y enseguida encontró acomodo junto a un atleta veterano. Hablaron y éste entre respiraciones le contó que también debutaba, por una promesa.
Hicieron el recorrido por las calles salmantinas a la par compartiendo el esfuerzo. Al llegar a meta a pesar de su carácter adusto, poco dado a las muestras de afecto, un impulso le llevó a abrazarse con su compañero de fatigas. Un abrazo sincero, de corazón. Ellos no sabÃan que algo muy especial los unÃa.
Este narrador se lo desvelaria años más tarde.