27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me tienes colgada de tu cuello desde el que día que nos conocimos en la gala de entrega de medallas de la San Silvestre salmantina. Estoy hecha de oro y no dejo de susurrarte (al oído no porque no llego) que estoy muy orgullosa de ti; orgullosa de que te hayas ido en solitario en la avenida de los Comuneros y te hayas incorporado a tu rutina diaria en el banco sin que la fama se te haya subido a la cabeza (imposible de escalar para mí, ni siquiera llegar al campamento base). No deja de ser una coincidencia que tu mujer y yo tengamos el mismo nombre (Victoria).Y ha sido una buena excusa decirle que tener una medalla colgada del cuello mientras hacéis (hacemos) el amor no deja de ser un acto de fetichismo más. Lo difícil se consigue, lo imposible se intenta.