HabÃa corrido todas las ediciones. Siendo niño hasta ganó una medalla. Recordaba la admiración de sus amigos del colegio el dÃa que comenzaron las clases y se presentó, orgulloso, con la enorme presea.
Últimamente, la admiración de esos amigos se habÃa tornado en burlas, debido a su estado fÃsico; más propio de un medallón de solomillo, que del conquistado antaño.
Por eso, aquel año se preparó concienzudamente. Se sentÃa pletórico, su cuerpo nuevamente musculado. Tanta confianza le empujaba a la exhibición; se desnudó. El frÃo decembrino de Salamanca hizo el resto: cuando todos los participantes habÃan partido, no consiguió moverse de su posición, en medio de la calle. La carrera terminó y él ahà continuaba.
El Ayuntamiento aprobó su permanencia definitiva, con la única oposición del concejal de Tráfico. Al fin y al cabo, también un escritor se habÃa quedado sentado para siempre en un café de la Plaza Mayor.