27 DE DICIEMBRE DE 2026

Ese año logró cumplir un anhelo profundo: estar en la San Silvestre Salmantina, la mítica carrera que su padre había corrido en 1983. Soñaba con revivir aquel recorrido, como un puente entre generaciones y memoria.
Viajó desde Bogotá, donde entrenaba a más de 2.500 metros de altura, confiado en su preparación para la categoría Sub-18. Llegó con tiempo, dispuesto a dejar el alma en cada paso.
El 29 de diciembre de 2024, la cuadragésima edición arrancó con júbilo, y su corazón latía no solo por el esfuerzo, sino por la ilusión de honrar a su padre.
Pero, de pronto, un dolor inesperado lo obligó a detenerse. El miedo lo invadió: no quería fallar, pero el destino le cerró el camino.
De vuelta en Colombia, se prepara para la edición 2025. Esta vez lo lograría, pero desafortunadamente su padre no lo sabría, ya que había fallecido hace tres meses.