El suelo mojado más por sudor que nubes. El aire domesticado por las pisadas. Un pecho latiendo temiendo fauces salivosas. La marca de los elegidos para sobrevivir encerrada en un costillar. El tigre lo abrirÃa. Por amor lo besarÃan.
La carrera se inició hace cuarenta y cuatro palabras. Sin fuelle para continuar caà al suelo yendo primero. Desfallecido pasarÃa a ser historia dentro de históricas paredes. Manos arriba. Ayudado compruebo mis temblorosas piernas recompuestas verticales. A los balcones enrejados imagino como dragones. No necesito su calor para regresar a la competición de los últimos. Recuperada la ilusión avanzo posiciones. EscocÃa la sangre asomando por el denso sudor. Me resbalaba una mirada sanguinolenta cuello abajo. Fui el primer muerto en cruzar la meta. Y es que hasta en el otro barrio Salmantino auxilian en la San Silvestre de los difuntos.