Hoy no corremos para dejar ofrendas de jara y reses ante el altar de un verraco labrado en piedra. No corremos para defender la ciudad sobre un puente ante los crueles suevos de empuñaduras de sangre y hierro. Tampoco para burlar al viejo diablo de una legendaria cueva llena de tinajas. No. Hoy no corremos para evitar ser embestidos cuesta abajo clamando al amparo de San Juan. Ni lo hacemos para escapar del acento francés de tambores tronando a muerte en la Plaza Mayor. Hoy nuestros veloces pasos no nos harán encontrar abierta el aula de un “convencido†maestro bilbaÃno. Hoy no. Hoy somos la marea indomable de trescientas conchas en un océano de piedra. Hoy no corremos por razón alguna. Hoy somos la sangre derramada de Salamanca haciendo latir los cimientos de una catedral de dos cabezas.
Hoy no corremos por nada. Hoy corremos por todo. ¡Hoy vivimos!