Veo muchas huellas humanas repartidas por el suelo y en grandes grupos que se suceden hasta los diez kilómetros. Percibo la esencia de un olor a valentÃa, sudor, esfuerzo y compañerismo que se extiende por un largo recorrido y que me gustarÃa poder llegar a sentir. Una tradición protagonizada por seres del pasado que sacrificaban su espÃritu y daban lo mejor de sà en una carrera, a la vez que compartÃan una gran pasión por el arte de correr.
Es el año 3054, y mi equipo de historiadores y yo estamos tratando de averiguar qué es este hallazgo para poder recrear la misma sensación de felicidad que originó ese momento. Durante los últimos siglos la tristeza se ha apoderado de las civilizaciones y esto podrÃa darnos un atisbo de esperanza.
Tras unas horas de reflexión, ¡empezamos a correr!