En mi casa somos unos guasones de campeonato.
Este año la San Silvestre Salmantina se celebra precisamente el 28 de diciembre, y como es tradición familiar participar, será el escenario perfecto.
Cualquier corredor que se precie sabe que en el fragor de la galopada, la respiración se convierte en incendio en la garganta, el aire quema los pulmones y las sienes palpitan desbocadas. Hay que concentrarse al máximo para no ceder al cansancio, para que el frío no gane terreno. De hecho, lógicamente, el reglamento explicita que al inscribirte reconoces encontrarte en perfectas condiciones físicas.
Desde hace años mi papel se limita a espolear a mi familia, pues siendo de la añada del 40 no estoy para trotes, que cada vez que doy un paso oigo a mis huesos conversar entre sí.
Este año me voy a plantar en la salida y cuando me increpen por inconsciente, vociferaré: ¡INOCENTES!