Dieron la señal de salida y echamos a correr. VolvÃa a sentir mariposas en el estómago, como cuando la conocÃ. A la altura del bulevar comprobé que todo el mundo nos adelantaba; Ãbamos más lentos que una tortuga. Decidà acelerar el paso y comencé a sentirme como pez en el agua. Marisa se reÃa sin parar. DecÃa que estábamos como cabras.
Ella me hacÃa olvidar que nuestro futuro era negro como boca de lobo. Siempre me habÃa comportado como un gallina. En cambio, Marisa rebosaba energÃa, igual que un caballo desbocado. Se notaba que era una Leo de libro. En el Paseo del Rollo miró hacia atrás. Se extrañó de mi silencio. Pero sus ojos de gato y su sonrisa fueron suficientes para que recuperara el aliento. Empujé la silla con fuerza. Tuve, firme como una hormiga que soporta un gran peso, un presentimiento: aquella carrera la Ãbamos a ganar.