27 DE DICIEMBRE DE 2026

Dieron la señal de salida y echamos a correr. Volvía a sentir mariposas en el estómago, como cuando la conocí. A la altura del bulevar comprobé que todo el mundo nos adelantaba; íbamos más lentos que una tortuga. Decidí acelerar el paso y comencé a sentirme como pez en el agua. Marisa se reía sin parar. Decía que estábamos como cabras.
Ella me hacía olvidar que nuestro futuro era negro como boca de lobo. Siempre me había comportado como un gallina. En cambio, Marisa rebosaba energía, igual que un caballo desbocado. Se notaba que era una Leo de libro. En el Paseo del Rollo miró hacia atrás. Se extrañó de mi silencio. Pero sus ojos de gato y su sonrisa fueron suficientes para que recuperara el aliento. Empujé la silla con fuerza. Tuve, firme como una hormiga que soporta un gran peso, un presentimiento: aquella carrera la íbamos a ganar.