Ante su exhibición de seguridad se desvanecerÃa la de los demás. Ese era su convencimiento. Él estarÃa en el podio. Arriba. Aunque anduviera en medio del grupo. Su ilusión se situaba en una zona imprecisa pero sólida, que desplazaba la realidad o la dejaba colarse a sabiendas de sus limitaciones. Pero no habÃa duda, ni asomo de turbación o inquietud. GanarÃa. Tarde o temprano. TenÃa todo el tiempo del mundo. Era un niño. Y por lo tanto, inmortal.