Juanito no puede evitar un pellizco en el corazón mientras evoca los años vividos en Salamanca. Tras algunos titubeos decide correr la San Silvestre Salmantina. Se imagina subiendo por Tentenecio o atravesando el Patio Chico, la Plaza Mayor… Nuestro hombre se adormece lentamente mientras sueña su carrera.
Diez meses atrás el médico le puso en un aprieto. Sus analíticas eran nefastas, muchos indicadores gritaban. Sólo tenía 39 años.
A pesar de su sobrepeso empezó a correr por el parque del barrio. Al mes ya daba dos vueltas al parque. Lo mejor era que se iba encontrando fortachón, él que siempre fue un “marrajo antideportista”. Su cuerpo y sus analíticas iban cambiando pausadamente. Incluso se veía algún día corriendo un Ironman.
Observó que este año la carrera transcurría por dos polígonos a las afueras de la ciudad. Finalmente sería un poligonero, eso sí, sería un “Ironman poligonero”.Juanito esbozó una sonrisa.