El cuerpo parecÃa presentirlo. Como si tuviera memoria. Diez mil metros de gozoso esfuerzo. Tuvo que esperar todo un año, distraÃdo en otros menesteres, hasta el último dÃa. Claro que me lo hizo saber. En la noche anterior, entre las sábanas; o en las horas previas, cuando Ãbamos a reunirnos con los otros. Durante los ejercicios de la entrada en calor, en los minutos previos, recuerdo que un hormigueo me corrÃa por las piernas, mientras elongaba, como susurrándome «Â¡Vamos!, ¡arranquemos ya!».
Y la maquinaria teórica al fin se puso en acto. En la mañana frÃa, bajo la nieve, cada músculo esforzándose por vencer la distancia. Primero un pie, luego el otro.
Justo el treinta y uno. Diez mil metros. Una experiencia única. ¿El resultado? ¿De veras quieres saber en que puesto arribé? Eso es lo que menos importa. El deleite está en el viaje, no en la meta.