Mi sudor pronto comenzó a emerger junto con mi aliento, envuelto por la alegrÃa de quienes me rodeaban. Paso tras paso, contemplaba la bella ruta de mi carrera por la San Silvestre, recordando aquellos lejanos años cuando el correr no suponÃa esfuerzo. Motivado por mi promesa, seguà un ritmo adecuado con la ilusión de llegar a meta sin pretender mayor trofeo que el de la amistad. Pensé y volvà a pensar, intentado no caer en los acechantes recuerdos siempre tan difÃciles de superar. Miré hacia el frente, dispuesto a navegar con Ãmpetu por entre la marea de anhelos, flujo de voluntades. Aceleré el ritmo, sintiendo una ligera rabia por el tiempo perdido frente a la entretenida y hechicera caja de insensible pasividad, que siempre acompañaba a mi reloj. Estaba corriendo y me sentÃa libre… tan libre, que toda sombra quedo allÃ, bajo las plantas de mis pies.