27 DE DICIEMBRE DE 2026

Mamá, llevas ocho kilómetros diciendo que no te duele.
Yo llevo ocho kilómetros matándome por dentro. Mis piernas quieren salir disparadas. Entrenar para trotar a 7 minutos por kilómetro es una tortura en cámara lenta. Cada zancada contenida me quema.
Delante va la tercera clasificada. Conozco mi cuerpo en la cuesta de Libreros. Podría alcanzarla.
En el kilómetro nueve me dices entre jadeos:
—Sigue, hija. No voy a llegar.
Sé que es verdad. O llegarás. Siempre llegas.
También sé que si te dejo ahora, cruzarás sola esa meta soñada hace tres meses cuando estrenaste las zapatillas en el pasillo de casa a las once de la noche.
Niego con la cabeza.
Tú asientes.
Entonces haces algo que me rompe: aceleras.
Y yo, mamá, te sigo.