La anciana camina lentamente hacia la meta en la carrera de San Silvestre Salmantina. Bien abrigada todo de negro. Atraviesa el Puente Romano, luego varias calles y para en el semáforo. Espera que aquellas diabólicas máquinas paren una vez se encienda el peatón en verde. Una de ellas le arrebató la vida a su nieto un año atrás en un paso cebra. Su nieto, tan solidario, tan deportista… que había corrido desde niño en San Silvestre todos los años lleno de ilusión.
Se hace un sitio cerca de la meta, llena de espectadores, también se encuentra los jueces y personal médico. Ya se acercan los corredores, algunos exhaustos. Un joven vestido de azul con el dorsal número 2 se acerca a la meta líder en el pelotón. La anciana, a su paso, enarbola un pañuelo al viento. ¡Vamos Adrián hijo, otra vez más te espera la victoria!