Sentà los pasos tras de mi… -no podrán alcanzarme- me dije. Eran miles y sus rostros desencajados y su respiración agitada me acechaban sin darme respiro. Mis pies sentÃan el rigor del esfuerzo y en mi cabeza el retumbar de latidos me acompañaba. No iba a detenerme, no podÃa parar…pero al girar en una esquina un grito me desconcertó…ahà estaba una anciana señalándome. Faltaban cien metros nada más, esta vez serÃa el primero en llegar…nada podrÃa detenerme. Ni la turba que me seguÃa a muy corta distancia ni los insultos de la anciana…las gotas de sudor en la frente y mis lágrimas empezaron a brotar de los ojos… treinta metros…o pasos me separaban de mi destino. Con la mirada perdida crucé, corté el listón y seguà corriendo unos metros más…
Desde lo alto del podio, sonriendo, la volvà a ver… ya no me insultaba… esa anciana…era mi madre.