Le regalamos un dorsal porque tras tantos años corriendo no podÃa perdérselo, y al fin y al cabo se estaba muriendo. Le dijimos que asà podÃa participar en la distancia, desde la cama del hospital, ataviado con su chándal azul marino.
Mi hermano correrÃa con su gopro, que transmitirÃa las imágenes directamente al portátil que le llevarÃa yo misma a la habitación. “Será como si corrieras tú mismoâ€, le convencimos a regañadientes.
Por esta razón, cuando vi la cama vacÃa, lo primero que hice fue buscar el dorsal, pero en cambio encontré su nota: “Lo siento, tenÃa que hacerloâ€.
Lo encontramos cuando llegaba a la meta, sudoroso y debilitado, y fuimos testigos de como levantaba los brazos triunfante antes de caer y exhalar su último suspiro.