Ajustas los cordones con la presión necesaria siguiendo esa rutina que te enseñaron desde pequeño para hacer el lazo. La corredora que tienes a tu lado sonrÃe, no sabes si de frÃo o por simpatÃa, aun asÃ, le devuelves la sonrisa. Enciendes el MP3 justo en el momento que se inicia la carrera. Corres, te la traen floja los tiempos, el tiempo… no compites, disfrutas. Sientes el esfuerzo en cada musculo de tu cuerpo, te sientes vivo. Avanzas en una bacanal de sentimientos que te hacen entrar en comunión con ese entorno y con sus pasos, te integras en un solo plano. Suena esa canción, la piel se eriza y sin darte cuenta pasas la meta. Estiras y el sudor te resbala por el cuerpo, gotea y muere en un pequeño charco como el año que termina.
Te sientes bien, satisfecho.