Mis dÃas de gloria se cuentan por kilómetros, pero hoy, en la Sansil, será mi última carrera. Mis costuras se tensan al sentir el primer impacto contra el asfalto; reconozco ese trote firme, el que nos llevó a la meta más difÃcil. Avanzamos entre la multitud, el aire frÃo se cuela entre mis tejidos. Escucho como mi dueño jadea, pero no se rinde; sabe que esta despedida merece un final épico. Cada zancada es una sinfonÃa de resistencia, una melodÃa donde él me marca el compás. El recorrido es una nostalgia palpable, y al cruzar la lÃnea de meta, sé que he cumplido mi misión. Mi suela desgastada resuena en el último paso, mientras él me mira con una sonrisa agradecida. A partir de hoy, seré un recuerdo en un rincón de su armario.