Era tan competitivo que, por recomendación del cardiólogo, había decidido rivalizar únicamente contra sí mismo.
Se acabaron los piques y exigencias.
Con el pistoletazo de salida activó el pulsómetro y fue recorriendo los primeros kilómetros según los tiempos establecidos.
Si algún corredor le sobrepasaba, respiraba profundamente cinco veces y continuaba a su ritmo.
Al girar para encarar la última recta, el sol que estaba en pleno ocaso se colocó a su espalda proyectando una descarada sombra que le adelantó sin ningún tipo de miramiento.
Herido en su orgullo, no estaba dispuesto a dejarse vencer también por ella.
—Estoy compitiendo contra mí mismo—Se justificó.
Esprintó con el corazón latiendo como un tambor en pecho y sienes, pero no fue capaz de alcanzarla y entró pisándole los talones.
La aprovechada sombra desapareció repentinamente cuando, ante sus ojos, apareció la inmensidad de un cielo sobre el que pronto caería la noche.

27 DE DICIEMBRE DE 2026