Doña Úrsula tuvo alguna vez quince años. Uno, dos, uno, dos. Mamá Carmen le habÃa dicho siempre: “Nunca es tarde si la dicha es buenaâ€. Uno, dos, nariz, boca, ¡flato! La pisada, la cadera, uno, dos, uno, dos. HabÃa aprendido a correr porque le cerraban la carnicerÃa. Uno, dos, ¡vamos chicas! Aquella tarde lo habÃa pasado mejor que haciendo bolillos, mejor que horneando bizcochos, mejor que hablando con la Puri. Uno, dos, uno, dos: sus amigas la siguen a buen paso, con diademas en la cabeza. Uno, dos, uno, dos. Qué portentos de señoras, sus caras de velocidad son la envidia de los niños. Uno, dos, uno, dos. Su sudor es la victoria. ¡Salamanca a sus pies!