27 DE DICIEMBRE DE 2026

Doña Úrsula tuvo alguna vez quince años. Uno, dos, uno, dos. Mamá Carmen le había dicho siempre: “Nunca es tarde si la dicha es buena”. Uno, dos, nariz, boca, ¡flato! La pisada, la cadera, uno, dos, uno, dos. Había aprendido a correr porque le cerraban la carnicería. Uno, dos, ¡vamos chicas! Aquella tarde lo había pasado mejor que haciendo bolillos, mejor que horneando bizcochos, mejor que hablando con la Puri. Uno, dos, uno, dos: sus amigas la siguen a buen paso, con diademas en la cabeza. Uno, dos, uno, dos. Qué portentos de señoras, sus caras de velocidad son la envidia de los niños. Uno, dos, uno, dos. Su sudor es la victoria. ¡Salamanca a sus pies!