27 DE DICIEMBRE DE 2026

Salimos desde la Calle Honduras. A mi edad esto era impensable y aún más en mi condición. Nadie lo sabía. Giramos por el Paseo de Canalejas, la respiración se tornó un poco pesada, pero con el stent todo iría muy bien. Los años en el refugio para adultos me habían fortalecido; la San Silvestre sería lo último. Tenía que liberarme. Vinieron los gigantescos bloques marrones de edificios a lado y lado del Paseo; vino la presión en el pecho y más velocidad en mis piernas. Entre nubes vi a Carlos y María, mis enfermeros. ¿Lo sabían? Me fijé en los dorsales azules delante de mí, y de repente sentí gran necesidad de llegar al Parque de la Alamedilla. Mi visión se nubló; la respiración se cortó cuando entré en la curva. ¡Allí estaba a metros! Sentí una explosión en mi pecho antes que ellos me sujetaran.