Salimos desde la Calle Honduras. A mi edad esto era impensable y aún más en mi condición. Nadie lo sabÃa. Giramos por el Paseo de Canalejas, la respiración se tornó un poco pesada, pero con el stent todo irÃa muy bien. Los años en el refugio para adultos me habÃan fortalecido; la San Silvestre serÃa lo último. TenÃa que liberarme. Vinieron los gigantescos bloques marrones de edificios a lado y lado del Paseo; vino la presión en el pecho y más velocidad en mis piernas. Entre nubes vi a Carlos y MarÃa, mis enfermeros. ¿Lo sabÃan? Me fijé en los dorsales azules delante de mÃ, y de repente sentà gran necesidad de llegar al Parque de la Alamedilla. Mi visión se nubló; la respiración se cortó cuando entré en la curva. ¡Allà estaba a metros! Sentà una explosión en mi pecho antes que ellos me sujetaran.