El frÃo caló hondo en sus huesos. Se ató las zapatillas haciendo doble lazada, asegurándose de que estaban bien sujetas. Cogió la dorsal y empezó a calentar, el dÃa estaba fresco; habÃa estado muchos meses entrenando, tenÃa un objetivo claro: conseguir el primer puesto en la carrera.
HabÃa leÃdo mucho sobre la ciudad del Tormes pero no habÃa tenido ocasión de visitarla. San Silvestre le ofrecÃa la oportunidad perfecta para recorrer unas calles llenas de Historia.
Todo empezó a la hora prevista, comenzó a correr a su ritmo, iba como en una nube, contemplando una ciudad en la que la piedra era la gran protagonista, no querÃa parar de correr para seguir descubriendo sus calles, sus rincones más recónditos.
El corazón se acelera, parece que se va a salir del pecho. Ya diviso la meta, unos metros más y la habré alcanzado, no puedo creerlo, lo he conseguido…