27 DE DICIEMBRE DE 2026

Desde aquí intento atrapar el alma de los viandantes. Recuerdo cuando los niños llegaban con chanclas hechas con los neumáticos de los automóviles. San José me dio la fuerza necesaria para restaurar una Prosperidad que se hundía en el pasado de sus nostalgias. Mi naturaleza no fusionaba bien con dogmas que se disfrazaban en reglas absolutas y con radicalismos que enmascaraban iras individuales no resueltas. Me quedé atrapado en esta casa del Paseo de San Antonio al rebelarme contra el sistema decimonónico y porque lo temporal nunca me interesó. Cada 31 de diciembre me asomó al alféizar y veo a centenares de corredores. Se ayudan, si uno cae alguien le ofrece una mano amiga, esbozan sonrisas cómplices al llegar a la meta. Yo les lanzo onzas de chocolate para animarles y les doy ánimos. En latín y en griego, faltaría más, que el deporte no está reñido con el intelecto.