Al aproximarse otra versión de la maratón que de costumbre pasa por la penitenciarÃa, mi cuerpo ya tirita de felicidad y me preparo cual otro atleta más, (me subo una cachucha hecha de humillación para amortiguar el sol, me enredo una camiseta y una pantaloneta hechas de nostalgia, libero unos pies desnudos para ampollar más mi sufrimiento, pego un dorsal en sangre, el de todos los años y que corresponde al número de mi placa condenatoria (1124), y llorando de emoción, me incorporé al sentir el tropel de las zancadas y quejidos, más esta vez al igual que las anteriores versiones fui descalificado al final por unirme cuando esta promediaba, cosa que no me afectó pues postrado en mi celda frÃa, perpetua y sin violentar barrotes, nuevamente estos se abrieron de repente ante mi imaginada religiosidad por correrla y ha sido otro año más que por segundos he sido libre.