A sus casi ochenta años, Jorge se preparó para la carrera que siempre soñó, la San Silvestre. Mientras avanzaba por el camino, su cuerpo se volvÃa más ligero, sus arrugas se suavizaban y su cabello se oscurecÃa. El tiempo se desvanecÃa y él retrocedÃa décadas.
De repente, estaba en su juventud, corriendo hacia sus amores perdidos y sus sueños. Pasaron los años en un parpadeo y se encontró en la infancia, trotando hacia la casa de sus padres y el olor a comida casera envolviendo el aire.
Continuó avanzando, atravesó el umbral de su nacimiento, donde sus padres lo recibieron con amor y alegrÃa. Las risas de los amigos y familiares llenaron la estancia mientras el bebé Jorge lloraba. Finalmente cruzó la lÃnea de meta donde los vÃtores y aplausos lo rodearon. Él miró hacia atrás con una sonrisa agradecido por la ayuda de Caronte.