Me dirijo disparada hacia la meta. Voy en primer lugar, aunque el segundo me está pisando los talones. Voy a conseguirlo, estoy cerca, pero me empujan de todas partes.
Un desconocido me echa un cable y después de unos cuantos tira y afloja, cruzo la meta completamente desnuda. El desconocido aprovecha y me da una nalgada. Rompo a llorar. Mi madre me abraza y llora también.
¿Y papá? Ni rastro, también está corriendo, pero en la San Silvestre salmantina. Ya no llega a tiempo de cortar el cordón umbilical, pero le perdono, yo de mayor quiero correr como él.
Ahà viene mi hermano, en segundo lugar. ¡Vamos, campeón, tú puedes!