Me dirijo disparada hacia la meta. Voy en primer lugar, aunque el segundo me está pisando los talones. Voy a conseguirlo, estoy cerca, pero me empujan de todas partes.
Un desconocido me echa un cable y después de unos cuantos tira y afloja, cruzo la meta completamente desnuda. El desconocido aprovecha y me da una nalgada. Rompo a llorar. Mi madre me abraza y llora también.
¿Y papá? Ni rastro, también está corriendo, pero en la San Silvestre salmantina. Ya no llega a tiempo de cortar el cordón umbilical, pero le perdono, yo de mayor quiero correr como él.
Ahí viene mi hermano, en segundo lugar. ¡Vamos, campeón, tú puedes!

27 DE DICIEMBRE DE 2026