Salamanca me recibió con su cielo despejado, pensaba por instinto que esta versión de la san silvestre salmantina sería un éxito para mi carrera, me trataron como un atleta de elite, y al comenzar la carrera me sentía de maravilla, sin embargo a la mitad de la corrida mis ojos se nublaron, sentía que mi corazón tomaba pausas y un mareo intenso se apoderó de mí…
Al rato, estaba siendo atendido por el servicio médico de la organización, específicamente por María de ojos verdes como zafiro… Jamás olvidaré esta carrera, es 28 de diciembre y estamos viendo la versión de este año… María, yo y mis dos hijos iremos a Salamanca en dos semanas más, pues en esa ciudad gané el trofeo más valioso de mi vida… mi familia.