27 DE DICIEMBRE DE 2026

Mi madre me inscribió en la carrera de San Silvestre. Siempre había sido muy vago y no me gustaba la idea. Me regaló unas zapatillas nuevas y me dejó en la salida con el dorsal de Benjamín.
Comencé a correr suave, sin prisa, tenía por delante 900 metros. Veía como mis compañeros me adelantaban y sus padres los alentaban con promesas. Después de mucho tiempo alcancé la meta, pero me colgaron otro dorsal, dijeron que ahora era Alevín y solo tenía que seguir unos 600 metros más. Me extrañó pero continué con el mismo paso monótono. Al llegar a la siguiente meta otro dorsal voló hasta mi cuerpo y oí : ¡Animo Cadete! Otros 600 metros. Pasé por Juvenil, Junior, Promesa, Senior… Dorsales de distintos colores vestían mi cuerpo. Por fin, cuando vi la última meta, mi rostro cansado sonrió, allí estaban mis nietos alentándome al grito de: ¡Veterano!.