Ya faltaba poco. Estaba cansado, pero no se iba a dar por vencido. Un paso más. Al fin, habÃa llegado. El público lo victoreaba, pero Rodrigo era ajeno a todo lo demás. Se agachó. En el suelo su hermano se agarraba con fuerza el tobillo. ParecÃa un esguince.
Rodrigo se habÃa dado cuenta a diez metros de cruzar la meta. Un grito desgarrador y los murmullos del público situado a ambos lados del carril, le habÃan alertado. Al girarse vio a su hermano en el suelo. Retrocedió sobre sus pasos.
Le ayudó a levantarse con cuidado y cargó el peso sobre sus hombros. Mientras cruzaban la meta juntos, en su cabeza resonaba con fuerza el diagnóstico. El maldito cáncer. Las horas de hospital, de quimio, de pánico. Pero allà estaban. Sonrió.
Una batalla más que ganaban uno al lado del otro.