Expectación, murmullos, y empiezas, casi sin ser consciente de la trascendencia ontológica del primer paso, ese que te constituye como ser real, y te ves rodeado, pletórico entre tanta euforia, el camino se viste largo pero tienes fuerza. Te diluyes, se diluyen ellos, la gente que te acompaña, pierdes a gente, la encuentras a ella en mitad de la carrera, sonríe y compartís el camino, te hace olvidar un poco el cansancio, acomodáis el paso, ajenos a la multitud. Empiezas a temer la meta, no sabes por qué aunque quizás lo intuyas, y quisieras que esa carrera durara siempre. Pero siempre no es un tiempo real, y te sientes cansado y ella también, y aguantáis por inercia, y ya entre suspiros exangües llegáis, y sabes que es el final de la carrera de la vida, y te das cuenta que no importa la meta sino la carrera.