Conocí a Brandon, cuando todos pensaban que era un niño problema, mi corazón me hablaba de alguien con necesidad de afecto y comprensión.
En un paseo por la cancha, le vi correr. Impresionada por la marca que tenía en velocidad. Lo supe, porque en mis años de adolescencia, el atletismo fue una terapia maravillosa.
Decidí golpear puertas para llevarlo a competir en inter escolares de atletismo, la directora movió sus contactos ¡Se consiguió un bus!
Al terminar, Brandon estaba en el podio.
Sus ojos llenos de lágrimas, como los míos… Levantó sus brazos y agradeció.
El lunes, simbólicamente le puse su medalla de oro, sus ojos otra vez lloraban…
Ese fue el comienzo de una vida distinta, fue el orgullo de toda la escuela y su familia encontró grandes motivos para seguir luchando, pese a la adversidad.
Hoy Brandon sigue corriendo y recibiendo medallas, que engrandecen más su corazón soñador.