Antes de la cena familiar, de las uvas y del champán; nada mejor que rendir homenaje al año que agoniza corriendo la San Silvestre.
Y para carreras, como Salamanca ninguna.
Ciudad emblema de carreras y grados, de medallas y medallones, y de monumentos que reflejan la luz como el metal del vencedor.
Por sus calles corrieron grandes atletas. Como por ejemplo Francisco de Vitoria, que ganó su carrera contra los que no querÃan derechos para los indÃgenas americanos. O los comuneros de Castilla, que participaron en una temeraria competición frente a los musculosos corredores de un Rey. O el inmortal Miguel de Unamuno, quien intentó vencer a un futuro que iba a teñir de sangre su paÃs y, en la recta final, viendo que no le quedaba resuello para el sprint, alzó la voz desde el Paraninfo de la Universidad y su grito alcanzó la eternidad:
— ¡Venceréis, pero no convenceréis!