La cuesta del puente
Cada veintiocho nos reunimos y convertimos las calles en un recorrido que convierte el frío en compañía. Lo llamamos carrera, pero ninguno de nosotros está compitiendo. Algunos corremos por costumbre y para otros es la primera vez. Sin embargo, el pistoletazo no marca la salida, sino el instante en el que corremos detrás de todo lo que dejamos pendiente.
Corremos para arrancar sonrisas, para que sean ellas las que marquen el paso. Corremos para encontrar compañía. Corremos por alguien que ya no está, cumpliendo la promesa que dejaron a medias, mientras su ausencia también corre con nosotros. Corremos para ver amabilidad al otro lado del espejo. Incluso corremos para llenar la cartera. Y, entre tanto movimiento, a veces nos desviamos, tomamos el camino equivocado, corriendo también para encontrarnos.
Año tras año, diciembre nos deja volver al punto de partida e intentarlo una vez más.