27 DE DICIEMBRE DE 2026

En el paseo de Canalejas, nos sonreímos. En la calle Zamora, dejó caer la cinta que sujetaba su pelo. Olía a hierbabuena. Al entrar en la plaza Mayor, la invité a un zumo de naranja. De los soportales, como de la nada, aparecieron sus padres animándonos. Acelerando en San Pablo, le pedí matrimonio. Sobre las aguas del Tormes, me dijo que sí. Esprintamos y pasamos el Palacio de Congresos. La quise invitar a un hornazo, pero era vegana. Me habló de tener hijos. Siete u ocho. A la altura de la Facultad de Físicas, sugirió que sus padres vivieran con nosotros para cuidar a nuestra prole. El resto del recorrido lo hice en silencio. Ella seguía con los planes. En la meta, entre aplausos, le pedí el divorcio y eché a correr. Con un poco de suerte, llegaba a tiempo a la San Silvestre de Madrid.