Lleva treinta y tres años queriendo participar en la carrera de esta capital que desde hace tanto tiempo es su hogar. Además, le entusiasma la actividad fÃsica y su todavÃa privilegiada complexión harÃa de ella una de las veteranas favoritas para ganar la prueba.
Pero también lleva treinta y tres años dudando de la conveniencia o no de inscribirse y, de este modo, desvelar su secreto. Finalmente, tras sopesarlo, reconsidera que es mejor permanecer quieta encima de su calavera.
Y es en esta posición cuando dÃas después ve acercarse a una multitud de corredores. Pasan de largo, fugaces, centrados en su reto, y allà se queda ella y su alegre tristeza siendo una edición más la espectadora eterna de la ciudad.