Entre los presentes hay estudiantes vestidos como vaqueros, ese parado disfrazado de ciego sin su lazarillo, funcionarios de barbas postizas, jóvenes luciendo gorros de Papá Noel, muchos chiquillos, una mamá con carrito, mil atletas… Alguien incluso divisa tres Reyes Magos, dos Supermanes y otro amor en los tiempos del cólera… Pero en especial, hay gente de todas las edades, ilusionada por disfrutar de esta carrera convertida en fiesta, a la que acuden con tantos colores. Sobre la piel, un dorsal; bajo la piel, corazón.
El recorrido cursa entre calles tan bellas que parecen de mentira, que estuvieran hechas a base de decorados. Es la Ciudad sabia, por su Universidad; la Ciudad dorada, por cómo refleja el sol.
Desde mi puesto de voluntario, a pie de una ambulancia cerca del rÃo, velaré para que cada sueño corriendo en zapatillas alcance su meta.
Por fin dan la salida. Nuestra fiesta ha comenzado.