—¿Y por qué continúas si estás sangrando?
—Porque una caÃda sólo es un obstáculo, pero sigo viendo el camino, sigo viendo la meta.
—Pero aquello está muy lejos.
—En mi mente está muy cerca.
—Pero todos te han superado, apenas vas comenzando después de la estrepitosa caÃda.
—Es que no importa que tan lejos o tan cerca estén los demás, confÃo en la dedicación de mi cuerpo, en la fuerza de mi espÃritu y en la perseverancia de mi mente. Esto no es una competencia contra otros, es contra uno mismo.
—¿Y eso vale la pena?
—Si hoy hago un minuto menos de lo que hice el año pasado; sÃ, entonces habrá valido totalmente la pena.
El niño vio pasar al atleta con orgullo determinado, con las rodillas y las manos raspadas. Comprendió que cada año, era ese hombre quien ganaba la carrera, y quizá el siguiente, podrÃa ganarlo él.