27 DE DICIEMBRE DE 2026

Has venido. Sabía que podía confiar en ti. Son muchos años deslizando tus dedos como libélulas azules sobre mi cuerpo cada tarde. Tantos silencios compartidos crearon un lenguaje y nos convirtieron en cómplices de este deseo legítimo. Tantas miradas de súplica y negación…y al fin… no sufrirás más por mi. Ahora soy feliz.

Abres las ventanas. El bullicio de la San Silvestre invade del cuarto. Este calor a destiempo es inaudito en Salamanca. Los corredores hormiguean las calles.

Acércate ahora. Mírame. Solo quiero tus ojos en este momento mágico. Tiéndeme ese puente que me desconecta de la vida. Estas profundidades son demasiado oscuras y asfixiantes.

El sol ya se duerme en el mar hasta la nueva aurora. La luz del respirador deja de latir. Te vas. Me miras desde el dintel de la puerta y tus dedos, como libélulas azules, impredecibles y hermosas sobre el agua, me dicen adiós.