La vi en la salida con una amiga: mallas ajustadas, esbelta, bella. Saqué pecho mientras calentaba. “No corras deprisa, este año casi no has entrenadoâ€, me dijo mi mujer, con criterio. Y yo que habÃa hecho 10k en 47m hacÃa 4 años me metà al cajón rápido. Salieron fuerte. Las alcancé en Veracruz, la oà animando a la amiga: “no te rindasâ€. Las adelanté, un auténtico runner, demostrando mi hombrÃa. En Avenida de Portugal me pasó, ya sola. Elástica, con zancadas perfectas, tocaba únicamente el suelo con la punta del pie, como una gacela. Intenté seguirla, pero me dejó atrás. En Avenida de los Comuneros iba desfondado. Llegué a la meta arrastrándome. “Ahà viene papáâ€, dijeron mis hijos. Recuperé el resuello jadeando. “A casa, campeón, que ya no estás para estos trotes†dijo mi mujer, con sorna. Entonces la vi estirando, y me miró sonriendo, con la superioridad del ganador.