27 DE DICIEMBRE DE 2026

La vi en la salida con una amiga: mallas ajustadas, esbelta, bella. Saqué pecho mientras calentaba. “No corras deprisa, este año casi no has entrenado”, me dijo mi mujer, con criterio. Y yo que había hecho 10k en 47m hacía 4 años me metí al cajón rápido. Salieron fuerte. Las alcancé en Veracruz, la oí animando a la amiga: “no te rindas”. Las adelanté, un auténtico runner, demostrando mi hombría. En Avenida de Portugal me pasó, ya sola. Elástica, con zancadas perfectas, tocaba únicamente el suelo con la punta del pie, como una gacela. Intenté seguirla, pero me dejó atrás. En Avenida de los Comuneros iba desfondado. Llegué a la meta arrastrándome. “Ahí viene papá”, dijeron mis hijos. Recuperé el resuello jadeando. “A casa, campeón, que ya no estás para estos trotes” dijo mi mujer, con sorna. Entonces la vi estirando, y me miró sonriendo, con la superioridad del ganador.