En medio del estruendo de zancadas y el palpitar de su corazón, avanzaba por las calles de Roma. El suelo caliente quemaba sus pies descalzos, pero él no se detenÃa. Cada paso era un tributo silencioso a su infancia en EtiopÃa, donde corrÃa para cuidar a sus cabras y escapar.
El mundo se maravillaba ante su hazaña, pero pocos conocÃan su lucha. HabÃa superado la adversidad, incluso una parálisis temporal que amenazó con robarle la capacidad de correr. Cerrando los ojos por un breve instante, recordó esos dÃas oscuros en el hospital, con una fuerza de voluntad inquebrantable para recuperarse.
Cuando cruzó la lÃnea de meta automáticamente se convirtió en un sÃmbolo de la resiliencia humana. No solo habÃa batido récords, habÃa demostrado que ningún obstáculo era insuperable. La multitud rugió en admiración, pero la verdadera victoria de Bikila todavÃa estaba por venir…