27 DE DICIEMBRE DE 2026

Comenzaba la San Silvestre salmantina 2025. Adela Gollenalde corría en medio del grupo corredor, pero se sentía invisible, sintiendo la ciudad latiendo extraña bajo sus pies.
Al llegar a la Catedral, el suelo vibró: una grieta se abrió entre los adoquines. De ella emergió un susurro, como si las voces del subsuelo cantaran.
Los demás corredores no parecían oírlo; seguían corriendo, sonrientes, como si fueran con la mirada perdida.

Adela se detuvo, aterrada. Un corredor la alcanzó y le gritó:
—No te pares, o el tiempo no lo recuperas.

Siguió corriendo. La grieta la persiguió hasta la meta. Cruzó el arco de llegada y cayó de rodillas. Todo volvió a la normalidad: luces, aplausos, risas.
Buscó su nombre en la pantalla de tiempos… pero no aparecía.
Cuando, en la entrega de premios se oyó por la megafonía.
Hoy recordamos a Adela Gollenalde que falleció en la San Silvestre de 1924.