27 DE DICIEMBRE DE 2026

Una inoportuna gripe me impidió participar en la San Silvestre, así que le dejé el dorsal a un amigo que también corría. Después de tantos meses entrenando, el no poder correr supuso una decepción tan grande que ni siquiera tuve ánimo para asistir a la carrera. La gripe hizo que pasase la nochevieja en la cama con fiebre y no pudiese disfrutar de la fiesta ni de la ciudad.
No me enteré de los resultados hasta el día de Año Nuevo cuando mi padre me llamó emocionado:
– Felicidades por la carrera, hijo. Nunca imaginé que ganarías.