Debes terminar lo que empieces, cueste lo que cueste y sin excusas ni moratorias, le decÃa su padre cada tres dÃas. De manera intercalada le apremiaba a superar lÃmites, reventar fatigas y perseguir el éxito que se escapa siempre delante del exhausto aliento. Que nunca tengas que pedir perdón a tu orgullo. MÃrate con honra todas las mañanas que te encuentres con el reflejo de tu alma. Le obligó a tatuar en el cabezal de su cama la leyenda “prohibido rendirseâ€.
Tres meses le duró el entrenamiento y durante ese tiempo veÃa en cada segundo y zancada la cara de su padre gritándole espÃritu de lucha en el cogote sudado.
Llegó el dÃa y corrió, cayó, sufrió y lloró hasta terminar último la carrera.
Al llegar a casa su madre le estaba esperando. Tu padre nunca pudo con la San Silvestre hijo mÃo. De hecho no pudo con ninguna.