27 DE DICIEMBRE DE 2026

Debes terminar lo que empieces, cueste lo que cueste y sin excusas ni moratorias, le decía su padre cada tres días. De manera intercalada le apremiaba a superar límites, reventar fatigas y perseguir el éxito que se escapa siempre delante del exhausto aliento. Que nunca tengas que pedir perdón a tu orgullo. Mírate con honra todas las mañanas que te encuentres con el reflejo de tu alma. Le obligó a tatuar en el cabezal de su cama la leyenda “prohibido rendirse”.
Tres meses le duró el entrenamiento y durante ese tiempo veía en cada segundo y zancada la cara de su padre gritándole espíritu de lucha en el cogote sudado.
Llegó el día y corrió, cayó, sufrió y lloró hasta terminar último la carrera.
Al llegar a casa su madre le estaba esperando. Tu padre nunca pudo con la San Silvestre hijo mío. De hecho no pudo con ninguna.