Entré en la tienda de deportes y el dependiente al ver mi estado fÃsico me pregunta incrédulo: “¿Pero usted corre?â€
Que si corro… ¡Llevo toda la vida corriendo! Cuando era niña hacÃa los 100 metros lisos sobre pasillo para escaparme de la zapatilla voladora de mi madre cuando descubrÃa alguna de mis travesuras. En el colegio, sólo poniendo los pies en polvorosa conseguÃa deshacerme de los abusones que me pegaban por ser diferente. En varias ocasiones he tenido que salir pitando de una discoteca para evitar al baboso de turno. Incluso me fui corriendo de una iglesia abarrotada de gente porque me arrepentà de mi decisión el mismo dÃa de mi boda.
Ahora en Salamanca, tantos años después, por primera vez, corro sin huir.