Esta noche habrá luna llena. Ahora, segundos antes del comienzo de la carrera, el cielo está raso, quizá esté helando en el Paseo de San Antonio. Un viento escarchado perfila el rostro de los corredores, ese leve temblor que atenaza los labios, un movimiento lateral, involuntario de mandÃbulas ante la inminencia de la prueba. Es la emoción del instante, como si se condensara ese esfuerzo, aún sin realizar, en un manojo de ilusiones, la tensión de músculos y tendones al subir la cuesta del Palacio de Congresos, el sol del mediodÃa al abatirse sobre la Plaza Mayor, el temor a encontrar placas de hielo en la bajada de San Pablo, el sosiego milenario del Tormes al fluir bajo el Puente Romano.
Esta noche habrá luna llena y el frÃo trasminará el descanso de unos valientes que, un año más, fundieron sus sueños con toda la luz de Salamanca.