27 DE DICIEMBRE DE 2026

Nadie entendió por qué ese corredor se quedaba en la línea de salida, atándose los cordones, como si no hubiese tenido tiempo antes de escuchar el pistoletazo de salida. Aun así, durante el transcurso de la carrera, los demás participantes fueron cayendo uno a uno en el suelo, abatidos por el humo misterioso que un espectador camuflado, con un vestido azul, larga barba blanca y un sombrero puntiagudo, echaba en el agua de los atletas justo antes de llegar a la meta.
Al día siguiente, un niño se acercó al flamante ganador y le dijo:
—Profesor Gabriel, gracias a la cursa de ayer, entendí mejor la fábula de la liebre y la tortuga que cada día nos cuentas en clase.
Y entonces, Gabriel se preguntó qué habría hecho mal. Él solo quería demostrarles que el mago Merlín existía de verdad.