Berna no puso buena cara cuando Amaro le dijo que correrÃa la San Silvestre.
En el primer dÃa de entrenamiento apenas pudo completar dos kilómetros, el corazón se le salÃa por la boca y las piernas se transformaron en barras de plomo. Lo que al principio le pareció una buena idea pronto se convirtió en un reto mental y fÃsico que no calculó. Berna no disimulaba su enojo, disgustada porque el sobrepeso de Amaro a ella no le importaba. Él siguió el plan de ChatGPT renunciando a muchas cosas; las tardes de sofá, los dulces de Salamanca y, sin quererlo, los mimos de Berna.
Diez kilómetros en una hora y quince minutos, con la respiración entrecortada observaba los cuerpos de los corredores premiados; “qué duro, pero qué bien que lo conseguÃâ€. Alguien le estiró del brazo, se giró, Berna sostenÃa una bolsa de obleas de Cipérez que tanto le gustaban.