27 DE DICIEMBRE DE 2026

Andrés miró atrás y no vio a nadie. El cansancio era un verdugo cruel. Poco a poco fue reduciendo la velocidad. Volvió a voltear. Divisó a otro competidor. Su paso era rápido y seguro.
Cuando el corredor estuvo más cerca reconoció ese pelo rubio y esas mejillas sonrosadas. Era Samuel, su antiguo compañero en la universidad, el que lo dejaba siempre en segundo lugar, el que le ganó todas las becas, el que conquistó a Carmen, la chica de la que Andrés estaba enamorado.
El orgullo lo hizo correr más rápido. No podía volver a perder. Samuel se le acercaba. A cien metros de la meta iban parejos. Ambos corredores lo daban todo en cada paso. Sólo faltaban unos metros.
Andrés cruzó la meta primero. Gritó con júbilo, levantó los brazos, se hincó para besar el suelo.
Andrés fue penúltimo en la silvestre salmantina del 2016 de entre 7000 competidores.